La incertidumbre me mueve. Es una estupenda ceguera.
Pero ella si quiere ser la virtud necesita arrojos y violencias, que en mí son dificiles de manejar y fáciles de dormir. En épocas como esta me adentro en una quietud impresionante, y se vislumbra el hecho de lo que es cierto mas allá de lo cierto. Quietud, músculos e ideas se duermen. Es la sensación que mas me asusta, y es por ella que no cedo mi sangre futura a ningún contrato ni la postulo en lugares donde la mentira es el éxito. Pero mi respuesta es inacabada, torpe, y me ato a la pasividad de la corriente que me lleva. Veo afectos a mi alrededor que se achatan con una soledad degenerada, es el reflejo del individualismo que tengo que ponderar? Le estaré guardando alguna fé a esta estólida naturaleza muerta que habito junto a ellos? Será eso y además que estoy aguardando? Qué estoy aguardando? Si voy juntando mis pedazos, me veo roto por las sombras que me ciernen. La paranoia es la crisis que me recuerda que el corazón está latiendo en este eterno "mientras" que me sabe a migajas. Oscuridad pura, librada por enzimas que desempolvan trastos de demencia. Para que todo tiemble hasta dejar de temblar, se ve un arcoiris... y claridad.
Entonces la única certeza es mirar el motor contaminante que me retrasa, pero no me detiene. Los que desean ser implacables no lo son, y no pueden robarme esta tremenda incertidumbre.