Dichosos son aquellos que deciden rodearse de seres de escasa inteligencia, enclenque personalidad y temerosa voz para nunca sentir un cuestionamiento a su juicio, o ver tambalear sus convicciones. Bienaventurado es aquel que inventa una pirámide en la que él es la cúspide. Benditos son todos aquellos que se aprovechan del error y despliegan el arte de la mentira para dominar y sentirse cómodos. Más bendito aún es aquel que aleja a todos y a él mismo de la verdad y de quienes la predican, para sumergirse en las más apacibles tinieblas. Sagrados son aquellos que tienen todo calculado en su mundo, aquel que no da nada sin recibir nada a cambio, aquellos que dominan por interés y temor propios! Glorioso sea aquel que se olvida de lo que realmente quiere, para crecer a través de lo que quieren los demás. Alabados esos que corrompen la naturaleza tempestuosa de nuestra existencia ajustándose a las normas e ideales imperativas de este sistema, aún sabiendo las consecuencias de esta aberración! Han creado un mundo superpuesto de dicha, buenaventura, bendiciones y alabanzas, y es por eso que son dichosos, bienaventurados, benditos y alabados. En resumen, glorioso será aquel que se quede en el camino, en lo mediocre!
Pero a la vez sean malnacidos, desdichados y sin valor, porque confunden la magnitud de su poder y bienestar con el verdadero objetivo de esta estancia en el espacio-tiempo en que nos encontramos. Se olvidan de lo más importante, de esas sensaciones que prevalecieron en los años de su infancia, de esos sueños que empujaron el andar cuando nada era tan complicado en nuestra mente. De toda la locura y belleza que nace de esto aún después de quedar desvirgado por el dolor de la vida! ¡Más bellos somos aquellos que nos aburre la premeditación de nuestra vida y aspiramos a un límite, aún sabiendo que así no se edifica nada en este mundo de mierda! Que manjar exquisito y reservado es sentirse puro sabiendo que no se perdió el norte de nuestro niño, de nuestro animal, de nuestro espíritu! Mas allá de la inercia que nos aplaca, de las circunstancias que nos atraviesan y obligan a actuar como nosotros no queremos, es una sensación divina la que se obtiene de decirle que NO a algo que nos hubiera convenido decirle que sí, solo porque no nos gusta.
Las mentiras que dijiste, también las verdades, esas verdades realistas e inobjetables, las palabras dichas, también los silencios, los desprecios y indiferencias que arrojas a aquellos que no te ves provechosos y las adulaciones y exaltaciones que ofrendás a los que pueden resultarte en algún rédito, tu balanza moral de marca registrada, las frustraciones derivadas en resentimientos, tus patéticos ídolos estéticos elegidos y modelados por un sector de marketing, tus comentarios indignados ante un nuevo crimen, las arrugas que te surcan la piel, los gestos demacrados, el cuadro hermoso de la perfecta familia que no existe, el café que ingeriste de forma adicta a la mañana, los cigarrillos que te calman los nervios, la cocaína que aspirás, las putas que te cogés, las lágrimas que te tragás, la tristeza con la que te atragantás para olvidar… toda esa mugre que incorporás a vos mismo, TODO eso que es tu mundo, es solo un adormecimiento asesino de tu verdadero ser. No le veo nobleza a tu vivir, a nuestro vivir, y espero sin impacientarme el momento en que este deba convertirse en un Sobrevivir.
Y ato mis manos para esta noche no regresarte.
Los párpados ya no se atreven por otra noche... volver a cerrarse!
Y ya no comprendo que hago en este mundo si no te tengo como antes...
TENGO UNA BALA GUARDADA QUE LLEVA TU NOMBRE Y NO TEMO USARLA.
Amarrado - Cielo Razzo
♪
La vereda en la que se detiene un niño de mueca y sonrisa. Su símbolo se convierte en espada, con su incólume Dios testigo alumbrándolo
lunes, 30 de agosto de 2010
jueves, 12 de agosto de 2010
Transformación.
En jeroglíficos de imprenta
El pecado se desvistió, y es destino.
Los años solo agendan
El avance de esta revolución.
Me veo encerrado en lo infinito
Me abro, pero todo es igual.
¿Cómo saber que estoy en el final?
Eso será ya no pensar, ahora no.
A ojos testigos es una oscura sensación
Pero la verdad es que en tu visión
Las cadenas amarran a la tierra de la guerra.
Maquino verdades congruentes
con la sensibilidad que se expande en mi mente.
En mis venas un cosmos divino se inmoló.
La curiosidad voraz es el impulso, ahora lo se.
Abrirme paso hasta no ser yo.
Es un momento, se que volveré.
Tal vez sea lo mejor.
No quedarse ni irse…
Dominar la transformación.
En la sangre que aún tiembla
Hay un coraje, llave de lo incierto.
La realidad es la cobardía
La locura, la redención.
Nuestro cuerpo es circunstancial
Mas allá de el, somos invulnerables.
En esencia, soy la eternidad.
En un espacio-tiempo irrisorio
El encierro de mi ser es ilusorio.
Mi animal galopa con furia y en libertad.
El pecado se desvistió, y es destino.
Los años solo agendan
El avance de esta revolución.
Me veo encerrado en lo infinito
Me abro, pero todo es igual.
¿Cómo saber que estoy en el final?
Eso será ya no pensar, ahora no.
A ojos testigos es una oscura sensación
Pero la verdad es que en tu visión
Las cadenas amarran a la tierra de la guerra.
Maquino verdades congruentes
con la sensibilidad que se expande en mi mente.
En mis venas un cosmos divino se inmoló.
La curiosidad voraz es el impulso, ahora lo se.
Abrirme paso hasta no ser yo.
Es un momento, se que volveré.
Tal vez sea lo mejor.
No quedarse ni irse…
Dominar la transformación.
En la sangre que aún tiembla
Hay un coraje, llave de lo incierto.
La realidad es la cobardía
La locura, la redención.
Nuestro cuerpo es circunstancial
Mas allá de el, somos invulnerables.
En esencia, soy la eternidad.
En un espacio-tiempo irrisorio
El encierro de mi ser es ilusorio.
Mi animal galopa con furia y en libertad.
lunes, 9 de agosto de 2010
Voz.
Te recuerdas cuando rendido, en los sueños,
La sensación de dios se disimula entre detalles?
Esos ángeles son el mayor vicio de nuestra inconsciencia.
Acechan a tu mente, constantes y sin respiro.
La chance de retrucar lo determinado se te desnuda,
Pero vos ni siquiera lo advertís.
Aplacaste el vigor de tu naturaleza
Y envileciste hasta el último extremo de tu cuerpo
Sin desvirgar los ojos que realmente ven...
Tu conciencia está ciega, y encalla en la miseria.
Mi ambición, el motivo escrito de mi muerte
Es detonarte hacia esa facultad escondida
Desestimando ruinas modernas y llantos ambiguos.
El impulso mediocre que controla al latido,
El poder y la abyecta sed con la que nos condena.
Quiero dejar en runas llantos de sabiduría,
No consigo mas que grietas desdibujadas con la cortesía de mi ironía.
En la sumisa conducción de los pensamientos
Una revolución enferma la pasividad impuesta,
Y sus estaciones se pierden en el debajo de tus sentimientos.
Siempre esquilados, siempre cosechados,
Pero esta vez hay un apóstol oculto que nos empuja a algo más.
Los sentidos se desfiguran en belleza,
Y es ahí cuando sientes que el cielo te abre sus piernas…
La explosión del sueño mas bello conseguido,
La visión de las almas perfecta e intangible,
Furia que exalta la existencia del dolor,
Todo caótico y perfecto, los límites son irrepetibles e infinitos.
El trance mas espeso del alma en busca de reconstruir el etéreo abrazo fetal,
Estridente ansía enterrada en cada uno de nuestros segundos…
El arte te transporta a eso, a la sangrada verdad,
Lienzo que quizás no quieras ver.
La sensación de dios se disimula entre detalles?
Esos ángeles son el mayor vicio de nuestra inconsciencia.
Acechan a tu mente, constantes y sin respiro.
La chance de retrucar lo determinado se te desnuda,
Pero vos ni siquiera lo advertís.
Aplacaste el vigor de tu naturaleza
Y envileciste hasta el último extremo de tu cuerpo
Sin desvirgar los ojos que realmente ven...
Tu conciencia está ciega, y encalla en la miseria.
Mi ambición, el motivo escrito de mi muerte
Es detonarte hacia esa facultad escondida
Desestimando ruinas modernas y llantos ambiguos.
El impulso mediocre que controla al latido,
El poder y la abyecta sed con la que nos condena.
Quiero dejar en runas llantos de sabiduría,
No consigo mas que grietas desdibujadas con la cortesía de mi ironía.
En la sumisa conducción de los pensamientos
Una revolución enferma la pasividad impuesta,
Y sus estaciones se pierden en el debajo de tus sentimientos.
Siempre esquilados, siempre cosechados,
Pero esta vez hay un apóstol oculto que nos empuja a algo más.
Los sentidos se desfiguran en belleza,
Y es ahí cuando sientes que el cielo te abre sus piernas…
La explosión del sueño mas bello conseguido,
La visión de las almas perfecta e intangible,
Furia que exalta la existencia del dolor,
Todo caótico y perfecto, los límites son irrepetibles e infinitos.
El trance mas espeso del alma en busca de reconstruir el etéreo abrazo fetal,
Estridente ansía enterrada en cada uno de nuestros segundos…
El arte te transporta a eso, a la sangrada verdad,
Lienzo que quizás no quieras ver.
domingo, 8 de agosto de 2010
Realidad
Ya, a estas alturas, lo entiendo. No lo niego, es mi sutil enemigo. El laberinto de ilusiones y decepciones que sin darme cuenta fabriqué hasta ahora me lo quiso mostrar momento a momento. Perfecta y aberrante, sabia e injusta, cómoda y mortal, cobijo de todas las cosas que existen, la realidad es, debido a nuestra esencia creadora, una enemiga. La juez omnisciente e impiadosa que desestima y echa en el marchito y gris Eliseo del olvido cada proyecto del más alto de nuestros delirados y utópicos pensares. Que nadie lo advierta, no significa que el hecho de abrirse de todas las complicaciones que implica participar en esta realidad-sociedad deje de ser la mejor decisión de nuestras vidas. Por cada designio hermoso que me entrega a mi alcance, son varios los que vienen a mí en plan desventurado a borronear esta armonía que apenas voy manteniendo y hacer pedazos mi mundo. Hay mas arena que cal en esta vida, en mi vida. Por qué es así? Es ella o soy yo? Por qué siendo yo una persona que nunca se interesó por los bienes materiales y placeres banales que puede brindarte esta realidad a cambio de tu voto anti-utópico, sigo sin satisfacerme, sin relajar mi alma con la pasividad de una felicidad plena?
Porque me preocupo, creo yo. Porque todavía estoy circunspecto a pequeñas cosas que no van bien en mi universo. Quise sentirme mas allá de la realidad, mas allá de las decepciones, mas allá del bien y del mal. Me entregué al peligro y un abanico de locura se abrió cual cola de pavo real cansado de ocultarla. Expandí los límites de mi atrevimiento con la mas ciega confianza, pude cortar el lazo con la realidad y ver su intrascendencia a la luz de mis planes. Jugué mal y mi mente todavía tiene grietas que estoy intentando reparar, pero es inevitable sentir que estoy de vuelta ante este decorado descolorido y tóxico, inmune a él. Tomé decisiones y me afirmé en posturas que no generaron más que descontento a mi alrededor, en aquellas personas tan conscientes de la realidad. Viví los días de una manera molesta, casi insoportable para las personas que me rodean. Y es que es ese el detalle irreparable en el que no había reparado.
Puedo lograr sentirme mas allá de esta realidad, lograr creer que ya me lastimó tanto que ya estoy escamado ante sus garras, lograr que todo me importe nada… pero nunca voy a lograr que dejen de importarme los demás, las criaturas cuyas almas depararon en estos cuerpos hermanos. Mi vida y la medida de mi felicidad es el como yo me voy relacionando con ellos, como generamos sentimientos mutuos y rompemos la oscuridad etérea con la que parece comenzar nuestra existencia. Y a ellos sí los veo atrapados, circunspectos, al menos a la mayoría. Perdidos en el vaivén desgastador de esta ciudad, atorados en lo superficial, en lo aparente. Enfrascados en el mal menor, que no es más que lo peor de todo. Atorados y enfrascados en la desesperanza, en la aceptación de los gajes negativos de esta sociedad, en el trueque de nuestro obedecimiento por un confort “aceptable”. Uso todo lo que tengo a mi alcance para seducirlos, para atraerlos hacia mi cosmovisión, me esmero y me deshago por ayudarlos a palpar el instante que se nos escapa perdido entre sacrificadas y vanas rutinas. Esta búsqueda, esta pequeña revolución me lleva a encontrar otros seres con los que me emparento en emociones y trato de acuñarlos a mi camino. Paso los días, pintarrajeando con puras pretensiones mi cuadro, pero al final, en cierto momento de la noche, me alcanzan la desesperanza, la soledad y el enorme desdén que recibo desde afuera.
“REALIDAD, ME DAS LÁSTIMA”, dijo un gran tipo, al que considero un hermano de la vida y un sentido artista ocasional de lo profundo. Sentir lástima por la realidad es desentenderse de ella, apartarse. No voy a fallecer en tu presión. Pueden retarme, ningunearme, castigarme, pero yo nunca voy a abandonar esta locura en la que me veo maravillado de pie ante el cosmos. Porque así es como me acostumbré y así es como logro sostener una sonrisa ante cada mirada tuya. Vos seguí enfermo de tu sobriedad, que yo necesito embriagarme. Abrumar mis sentidos de belleza. Arrancarme la careta de un cachetazo. Quedarme ciego, sordo y mudo ante la alegría, sin motivo real alguno. Desgastar mis nervios hasta sentirme insoportablemente vivo. Extasiarme. En su mayor expresión y en definitiva, SENTIR… LA MALDITA Y SAGRADA CONSTANCIA DE QUE EXISTO.
Puta, vos seguí tirándome malas cartas nomás, que el mazo se acaba y yo voy a seguir acá, dándote pelea.
Porque me preocupo, creo yo. Porque todavía estoy circunspecto a pequeñas cosas que no van bien en mi universo. Quise sentirme mas allá de la realidad, mas allá de las decepciones, mas allá del bien y del mal. Me entregué al peligro y un abanico de locura se abrió cual cola de pavo real cansado de ocultarla. Expandí los límites de mi atrevimiento con la mas ciega confianza, pude cortar el lazo con la realidad y ver su intrascendencia a la luz de mis planes. Jugué mal y mi mente todavía tiene grietas que estoy intentando reparar, pero es inevitable sentir que estoy de vuelta ante este decorado descolorido y tóxico, inmune a él. Tomé decisiones y me afirmé en posturas que no generaron más que descontento a mi alrededor, en aquellas personas tan conscientes de la realidad. Viví los días de una manera molesta, casi insoportable para las personas que me rodean. Y es que es ese el detalle irreparable en el que no había reparado.
Puedo lograr sentirme mas allá de esta realidad, lograr creer que ya me lastimó tanto que ya estoy escamado ante sus garras, lograr que todo me importe nada… pero nunca voy a lograr que dejen de importarme los demás, las criaturas cuyas almas depararon en estos cuerpos hermanos. Mi vida y la medida de mi felicidad es el como yo me voy relacionando con ellos, como generamos sentimientos mutuos y rompemos la oscuridad etérea con la que parece comenzar nuestra existencia. Y a ellos sí los veo atrapados, circunspectos, al menos a la mayoría. Perdidos en el vaivén desgastador de esta ciudad, atorados en lo superficial, en lo aparente. Enfrascados en el mal menor, que no es más que lo peor de todo. Atorados y enfrascados en la desesperanza, en la aceptación de los gajes negativos de esta sociedad, en el trueque de nuestro obedecimiento por un confort “aceptable”. Uso todo lo que tengo a mi alcance para seducirlos, para atraerlos hacia mi cosmovisión, me esmero y me deshago por ayudarlos a palpar el instante que se nos escapa perdido entre sacrificadas y vanas rutinas. Esta búsqueda, esta pequeña revolución me lleva a encontrar otros seres con los que me emparento en emociones y trato de acuñarlos a mi camino. Paso los días, pintarrajeando con puras pretensiones mi cuadro, pero al final, en cierto momento de la noche, me alcanzan la desesperanza, la soledad y el enorme desdén que recibo desde afuera.
“REALIDAD, ME DAS LÁSTIMA”, dijo un gran tipo, al que considero un hermano de la vida y un sentido artista ocasional de lo profundo. Sentir lástima por la realidad es desentenderse de ella, apartarse. No voy a fallecer en tu presión. Pueden retarme, ningunearme, castigarme, pero yo nunca voy a abandonar esta locura en la que me veo maravillado de pie ante el cosmos. Porque así es como me acostumbré y así es como logro sostener una sonrisa ante cada mirada tuya. Vos seguí enfermo de tu sobriedad, que yo necesito embriagarme. Abrumar mis sentidos de belleza. Arrancarme la careta de un cachetazo. Quedarme ciego, sordo y mudo ante la alegría, sin motivo real alguno. Desgastar mis nervios hasta sentirme insoportablemente vivo. Extasiarme. En su mayor expresión y en definitiva, SENTIR… LA MALDITA Y SAGRADA CONSTANCIA DE QUE EXISTO.
Puta, vos seguí tirándome malas cartas nomás, que el mazo se acaba y yo voy a seguir acá, dándote pelea.
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