martes, 3 de mayo de 2011

Escribir

No es algo que pueda plantearse dentro de mí, olvidar los pensamientos que me nacen al sentir. Es por eso que escribo, debe deberse a eso. Es todo muy secuencial: en el medio de la ignorancia del instante (a la cual nos sometemos en la indeseable rutina) sucede que el sopor de la mente se ilumina, las imágenes me invaden en un tono mas agudo plano tras plano y una idea interminable se desata para adueñarse audazmente de todo un momento. Inspira en mí el arte mas grotesco, un yo liberado de cadenas sensatas y angustiantes, con un quehacer descriptivo que se desvive por asestar un cambio.

Es lo que  más desea el humano, cambiar? Uno mínimamente imaginado  seguramente, pero alrededor de nosotros solo vemos personas reacias al cambio. Almas que prefieren seguir como están, estancadas y abultadas en los parámetros de un sistema que los utiliza. Son pocos los que valoran el cambio por sobre todo, no hay valentía ya que la cobardía es mas fecunda. Desde el ámbito político y económico hasta en las banalidades de las relaciones,  el ser humano incluido teme al cambio. Calla verdades, olvida injusticias, se familiariza con los dolores. Surge una relación muy extraña y metafísica entre uno mismo y estos (los dolores), se convierten en criaturas carroñeras que nos acompañan a lo largo de nuestro camino, y las adiestramos en el arte de herirnos.  Por suerte lo que deciden los incluidos no lo hacen los excluidos, son aquellos únicos que no tienen nada que perder y se la van a jugar por la suya. De la forma mas desesperada e instintiva, pero mejor que nadie tenga dudas que será a matar o morir. (*)



La realidad supone una debacle en las cabezas. Es un enfrentamiento horrendo, siempre lo es cuando una faz que tironea resulta ser la falsa de la otra. Qué nos lleva a formar inevitablemente parte del gran error? Es ese ardor oscuro que aun prevalece incontrolable, es ese pavor que se cierne en nuestro cielo, es el olor de la muerte. A fin de cuentas el hombre sigue siendo una criatura temerosa, ya no victima inevitable de una cadena alimenticia, si no un ser oscuro e impredecible librado a una segura autodestrucción.

… Por algo no puedo dejar de escribir, ya me lo imaginaba. Es una emergencia, que se mantiene impávida y desbordada frente al futuro (en este presente que no es más que una aventura de cotillón), y aguanta mientras se hace fuerte y evidente. Hay algo de vida en las palabras que emergen, un mar no se violenta sin vida tempestuosa en su interior. Y cuanto quedan estampadas pueden ser historia. Pero mas importante, es y será que sea belleza. La belleza es algo difícil de olvidar.

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