jueves, 23 de febrero de 2012

Reflexión sobre extravíos

Es que... con el paso del tiempo se torna muy dificil seguir creyendo que los humanos somos todos iguales. En teoría no se discute, pero el status quo sostiene que el individuo responde por sí mismo, a partir de cierto tiempo ya no tiene excusas y las consecuencias generan cada vez menos compasión. Cada uno lleva su propia existencia y son los demás los que no querrán que seas igual a ellos. A mí no me molesta la idea de tratarnos a todos como iguales, pero hace tiempo la violencia empezó a hacer un hecho más para mí. Yo a menudo solo distingo dos formas, y es mas que nada por el hecho de que hay una mayoría realmente idéntica entre todos por su forma de expresarse y anhelar en la vida. Es la gente común y corriente, la que ya definidamente no nació para ver el halo invisible del cambio y se contenta con ajustarse, siguiendo el curso insostenible del ser humano en este desangrado planeta. Pero hay un interés magistral que es el de cambiar las cosas, el de dejar una huella por donde anduvimos. Al principio no somos pocos los que creemos posible revolucionar el estado en que nos encontramos las cosas. Creemos que el humano si puede alcanzar el horizonte, y es la locura la que nos obliga a soñar, esa obsesión que planta a la poesía dentro nuestro. El sitio en el que nos lanzó el destino se puede cambiar, mientras no afloje el aguante dentro de nosotros. Y adoramos encontrar a personas que están en la misma, curtidos por sus sueños. Son lo único que nos mantiene convencidos, por que... ¿Que más nos vamos a encontrar si no son personas en este mundo?

Mas temprano que tarde buscamos y protegemos las relaciones que cultivamos con aquellos en los que vimos rastros de esa perfección, ese ideal. Esos ámbitos en los que el alma está contenida. Pero desde lo inconcebible se produce un zarpazo que los asesta, los diezma. La razón de ser pierde su blancura... la ilusión obscena del vil metal los fascina con la nobleza que aún se sostiene en este mundo. El deseo deja de saltar tan alto y se remite a lo fácil, a tomar ventaja, y el idealismo pasa a ser un bártulo molesto y pesado. Uno empieza a arroparse con otras personas, con aquellas que no sienten y tal vez nunca sintieron la ferocidad de un sueño lúcido. Los que viven urgidos por el placer y la comodidad, los que no le ven la necesidad a la poesía en la vida, porque son palabras e ideas de más que no los llevarán a ningún lado. Son solo máquinas simulando y sobreviviendo. Y mas allá de ellos, me acentúa la tristeza el hecho de que personas que no tienen esta naturaleza vayan a quedar vencidos por pura fricción, siendo arrojados de su búsqueda máxima por el sismo constante del miedo. Van a buscar lazos ya no mas por la persona sino por el mundano interés. Se desacostumbrarán a las palabras de la poesía. Y se acostumbrarán al lenguaje de los mediocres.

Pronto muchos estarán movilizados de la misma manera que está movilizado el colectivo integrado humano. No habrá arte en sus manos, amor en sus acciones ni sueños en su corazón. 

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