Ya, a estas alturas, lo entiendo. No lo niego, es mi sutil enemigo. El laberinto de ilusiones y decepciones que sin darme cuenta fabriqué hasta ahora me lo quiso mostrar momento a momento. Perfecta y aberrante, sabia e injusta, cómoda y mortal, cobijo de todas las cosas que existen, la realidad es, debido a nuestra esencia creadora, una enemiga. La juez omnisciente e impiadosa que desestima y echa en el marchito y gris Eliseo del olvido cada proyecto del más alto de nuestros delirados y utópicos pensares. Que nadie lo advierta, no significa que el hecho de abrirse de todas las complicaciones que implica participar en esta realidad-sociedad deje de ser la mejor decisión de nuestras vidas. Por cada designio hermoso que me entrega a mi alcance, son varios los que vienen a mí en plan desventurado a borronear esta armonía que apenas voy manteniendo y hacer pedazos mi mundo. Hay mas arena que cal en esta vida, en mi vida. Por qué es así? Es ella o soy yo? Por qué siendo yo una persona que nunca se interesó por los bienes materiales y placeres banales que puede brindarte esta realidad a cambio de tu voto anti-utópico, sigo sin satisfacerme, sin relajar mi alma con la pasividad de una felicidad plena?
Porque me preocupo, creo yo. Porque todavía estoy circunspecto a pequeñas cosas que no van bien en mi universo. Quise sentirme mas allá de la realidad, mas allá de las decepciones, mas allá del bien y del mal. Me entregué al peligro y un abanico de locura se abrió cual cola de pavo real cansado de ocultarla. Expandí los límites de mi atrevimiento con la mas ciega confianza, pude cortar el lazo con la realidad y ver su intrascendencia a la luz de mis planes. Jugué mal y mi mente todavía tiene grietas que estoy intentando reparar, pero es inevitable sentir que estoy de vuelta ante este decorado descolorido y tóxico, inmune a él. Tomé decisiones y me afirmé en posturas que no generaron más que descontento a mi alrededor, en aquellas personas tan conscientes de la realidad. Viví los días de una manera molesta, casi insoportable para las personas que me rodean. Y es que es ese el detalle irreparable en el que no había reparado.
Puedo lograr sentirme mas allá de esta realidad, lograr creer que ya me lastimó tanto que ya estoy escamado ante sus garras, lograr que todo me importe nada… pero nunca voy a lograr que dejen de importarme los demás, las criaturas cuyas almas depararon en estos cuerpos hermanos. Mi vida y la medida de mi felicidad es el como yo me voy relacionando con ellos, como generamos sentimientos mutuos y rompemos la oscuridad etérea con la que parece comenzar nuestra existencia. Y a ellos sí los veo atrapados, circunspectos, al menos a la mayoría. Perdidos en el vaivén desgastador de esta ciudad, atorados en lo superficial, en lo aparente. Enfrascados en el mal menor, que no es más que lo peor de todo. Atorados y enfrascados en la desesperanza, en la aceptación de los gajes negativos de esta sociedad, en el trueque de nuestro obedecimiento por un confort “aceptable”. Uso todo lo que tengo a mi alcance para seducirlos, para atraerlos hacia mi cosmovisión, me esmero y me deshago por ayudarlos a palpar el instante que se nos escapa perdido entre sacrificadas y vanas rutinas. Esta búsqueda, esta pequeña revolución me lleva a encontrar otros seres con los que me emparento en emociones y trato de acuñarlos a mi camino. Paso los días, pintarrajeando con puras pretensiones mi cuadro, pero al final, en cierto momento de la noche, me alcanzan la desesperanza, la soledad y el enorme desdén que recibo desde afuera.
“REALIDAD, ME DAS LÁSTIMA”, dijo un gran tipo, al que considero un hermano de la vida y un sentido artista ocasional de lo profundo. Sentir lástima por la realidad es desentenderse de ella, apartarse. No voy a fallecer en tu presión. Pueden retarme, ningunearme, castigarme, pero yo nunca voy a abandonar esta locura en la que me veo maravillado de pie ante el cosmos. Porque así es como me acostumbré y así es como logro sostener una sonrisa ante cada mirada tuya. Vos seguí enfermo de tu sobriedad, que yo necesito embriagarme. Abrumar mis sentidos de belleza. Arrancarme la careta de un cachetazo. Quedarme ciego, sordo y mudo ante la alegría, sin motivo real alguno. Desgastar mis nervios hasta sentirme insoportablemente vivo. Extasiarme. En su mayor expresión y en definitiva, SENTIR… LA MALDITA Y SAGRADA CONSTANCIA DE QUE EXISTO.
Puta, vos seguí tirándome malas cartas nomás, que el mazo se acaba y yo voy a seguir acá, dándote pelea.
Gastón ,y la re puta madre!( no tiene justificación)... te das cuenta porque carajo siempre te ví, te veo, como a un singular, un ser más que disitinto, tenés esa cosa ( aún no descubro su nombre), que llena de pensamientos mentes agenas.
ResponderEliminarEt roique Bordier ♥
Loco, qué querés que te diga?
ResponderEliminarTE QUIERO AMIGO, Y TE QUIERO ASÍ.
único ♥